Cuando el estrés deja de ser algo puntual y se instala en tu día a día, quiere decir que hay algo que no está yendo del todo bien y es el cortisol (hormona del estrés). Esta hormona es necesaria, pero tenerla disparada a todas horas agota físicamente y nubla la mente. Aquí es donde entra la Ashwagandha, la cuál es un potente adaptógeno natural que ayuda a reducir los niveles de cortisol, modulando los estímulos del estrés y equilibrando estos picos de estrés y ansiedad, transformándolos en algo sencillo y controlable.
¿Ashwagandha para bajar el cortisol? ¿Es efectivo?
La respuesta es que sí.
Y es que la ashwagandha es objeto de estudio por los resultados y la respuesta directa que tiene con el estrés y concretamente con los niveles de cortisol.
Algunos ensayos clínicos han observado reducciones cercanas al 30 % en esta hormona tras varias semanas de uso. Como planta considerada adaptógena, se asocia a la modulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS), implicado en la respuesta fisiológica al estrés.
En muchos estudios se emplean dosis de entre 500 y 600 mg diarios durante periodos aproximados de 6 a 8 semanas, sin embargo esta dosis dependerá de:
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El extracto (whitanólidos y/o glicósidos whitanólidos).
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La plantea utilizada, bien si es sólo la raíz o es la raíz y las hojas.
¿Por qué es efectivo?
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Evidencias de mejora en parámetros como ansiedad percibida, fatiga y calidad del descanso.
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Mecanismo de regulación de la respuesta al estrés, lo que podría influir en la producción y control del cortisol.
Beneficios de tomar ashwagandha
Y es que esta raíz no sólo influye en la gestión hormonal, también ayuda a mejorar tu calidad de vida:
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Mejora del descanso nocturno. Al reducir la agitación mental, facilita un sueño más reparador sin causar somnolencia diurna.
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Apoyo a la función cognitiva. Ayuda a mantener la concentración y la memoria en periodos de fatiga mental.
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Resistencia física. Mejora la capacidad de recuperación ante el esfuerzo, algo clave si el estrés te deja sin energía.
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Equilibrio emocional. Contribuye a mitigar la irritabilidad y la sensación de agobio constante.
¿Cómo tomar ashwagandha? ¿Hay que tener alguna prevención?
Para que los adaptógenos funcionen, la clave es la constancia y la calidad del extracto. No basta con tomarla sino que hay que saber y conocer qué se toma y cuál es su origen. En el catálogo de Solaray encontrarás ashwagandha que puede ayudar al control de tu cortisol.
¿Qué hay que prevenir o considerar antes de empezar a tomar ashwagandha?
Antes de incorporar ashwagandha a la rutina diaria, conviene tener en cuenta algunos aspectos relacionados con su uso y tolerancia, especialmente cuando el objetivo es apoyar la gestión del estrés y del cortisol.
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La mayoría de estudios evalúan la ashwagandha durante periodos de entre 8 y 12 semanas, intervalo en el que se ha observado una buena tolerancia en adultos sanos.
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No se recomienda durante el embarazo o la lactancia. También es aconsejable consultar con un profesional sanitario en caso de situaciones clínicas específicas como problemas de tiroides.
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En el caso de tomar antidepresivos u otros fármacos que actúan sobre el sistema nervioso, conviene valorar su uso con un profesional sanitario.
Preguntas frecuentes sobre la ashwagandha y cortisol
¿Aún tienes más preguntas? Te las respondemos:
¿Cuánto tarda en hacer efecto?
No es instantánea. Al ser un apoyo adaptógeno, los beneficios suelen notarse de forma progresiva a partir de las 2 o 4 semanas de uso continuado.
¿La ashwagandha se puede tomar por la noche?
Sí. A diferencia de otros tónicos, no es estimulante. De hecho, muchas personas prefieren tomar ashwagandha antes de cenar para favorecer la relajación previa al sueño.
¿Hay que hacer descansos?
Suele recomendarse su uso en ciclos (por ejemplo, tres meses de toma y uno de descanso) para que el cuerpo no se acostumbre y la planta mantenga su eficacia como modulador del estrés.
No obstante, este tipo de suplementación no es una solución a un problema, sino que es un complemento, pues si tienes dificultades para gestionar el estrés, es recomendable acudir y pedir ayuda a un profesional médico.